miércoles, 4 de agosto de 2021

Memorias de Sevilla

No siempre viví en Santa Rosa, La Pampa, ni tuve esta marca en mi rostro. En otro tiempo, en una de mis otras vidas, fui Sevillana. Mi ciudad, la que me parió al calor de un mes de agosto cargado de tormentas de verano. Un rayo iluminó la noche oscura y un trueno se fundió con mi llanto, eso me contó mi tía que estaba allí esperando a que llegase yo con impaciencia, también me contó mi madre que el médico al ver que no reaccionaba  me atizó cuatro azotes en el culo sin parar hasta hacerme llorar...

   Me llamo Carmen, soy morena, lo que más me gustaba de mi eran mis ojos, unos grandes ojos negros. Cuando era pequeña, un hombre se acercó y me dijo: " niña, tienes los ojos como dos panes redondos..."

   Conocí a Marcelo en una feria,  al verle pensé que no había chico tan guapo en toda la faz de la tierra. Era tan moreno, sus ojos eran tan grandes y sus palabras me sonaban a música celestial. Sencillamente me enamoré. En los meses siguientes a nuestro primer encuentro pasamos a ser sólo uno. Cuando te enamoras sólo ves la sabana plagada de antílopes y preciosos pajarillos que se posan sobre un baobab a esperar la noche, mientras tambores africanos suenan a lo lejos y tú ves un safari, como en la película de  "Memorias de África" y haces el amor en la maravillosa tienda de campaña en la que Meryl Streep y Rober Redford tienen su encuentro amoroso. El mío con Marcelo fue detrás de la caseta de una feria de Sevilla, ahora al recordarlo veo una hiena sobre una pobre e indefensa gacelilla,  pero entonces yo estaba enamora y era tan joven....

   No recuerdo el primer golpe. es curioso, sólo recuerdo la hora; las 12:21 en el reloj que había sobre la mesilla de la habitación del hostal dónde me llevó para hacerme el amor, y yo, de nuevo, sintiéndome una heroína, una Juliette Binoche cuidando a Ralph Fiennens mientras rememoran juntos una maravillosa historia de amor en "El paciente inglés" en la tierra todavía más maravillosa de África.

La conciencia no me vino por los golpes, más bien por las palabras  de mi madre África "hija no es para tanto, en esta vida hay tanto que aguantar..." No sé que movieron por dentro aquellas palabras, no fue el dolor de mi ojo morado que escondía tras unas ridículas gafas de sol que mi madre me había comprado para tan bochornosa situación, pero no voy a hablar de África ahora....

Lo morado de mis ojos se pasó, peo no mi angustia, que por aquellos días iba creciendo dentro de mi, en mi estómago, justamente, haciéndose una bola tan gigantesca que podía notar hasta su enorme peso.

Una noche, mientras veíamos un corto de Buñuel, sentados sobre butacas al aire libre, apareció la imagen que se ve de la cuchilla acercándose al ojo impasible de la actriz, de repente me dijo: " eso voy hacerte yo si se te ocurre irte algún día; sacarte los ojos". Yo no podía apartar la mirada de la pantalla, paralizada, sentía la cuchilla acercándose a mi ojo, era yo la protagonista, no la actriz, de tan espantosa escena. Nunca he podido borrar de mi memoria aquella  noche,  ni siquiera en mi rancho de La Pampa. En las noches de verano, aquí en Santa Rosa, vuelvo a tener escalofríos . Odie a Buñuel.

Las palabras, una vez más, fueron las que activaron mi atrofiado mecanismo de alarma. Mis sentidos, abotargados, aletargados, despertaron después de ver "El perro andaluz"

Aún así, pasaron años hasta que mi rostro es el que hoy es. No te levantas de repente, necesitas desperezarte, que tu cuerpo tome conciencia del nuevo día, bostezas, te estiras y das un salto de la cama o mejor si alguien te da un empujoncito.

Ernesto llegó a mi vida por casualidad. El destino quiso dejarnos atrapados en el ascensor y aquello dió para una invitación de café con risas, que pasó a transformarse en una amistad que fue cuajando con el tiempo.... Tardamos en estar juntos. Yo no quería una relación, tenía miedo, pero tampoco podía dejar de verle. No quise hablarle de Marcelo, ni él me preguntó. Nuestros encuentros eran cortos espacios de tiempo al calor de un café, en los que sólo estábamos los dos, no dábamos cabida a nada ni a nadie más. Hablábamos de su rancho en Argentina, de sus viajes y yo le contaba cosas de la ciudad de Sevilla de sus gentes... al principio de conocernos no profundizamos en las conversaciones, sólo reíamos,  y tomábamos el mejor café del mundo.

Y un día ocurrió lo inevitable, me besó. Después de aquello mi vida quedó ligada a Ernesto para siempre a su amabilidad, su sonrisa, su manera de ver el mundo... y sin previo aviso, sin darme apenas cuenta, como si mis palabras salieran solas por querer ellas unirse a él eternamente, a pequeños sorbos de un café caliente, en una tarde lluviosa, le conté mi vida....

Y algo mágico ocurrió entonces; la vida se volvió amable. Nacieron sentimientos olvidados; ilusiones, entusiasmo y esperanza, creciendo día a día, paso a paso...

Fue él quién me propuso  dejar a Marcelo. De no ser así, todavía dudo si yo hubiera tomado esa decisión sola. No estoy segura. En ese momento él fue mi motor, mi motivación, mi fuerza y sólo hubo un deseo en mi mente: abandonar a Marcelo.

El día que decidí marcharme, todo estaba en calma. Yo me había levantado con la determinación suficiente para estar esa misma noche fuera de España. Me sentía fuerte. Me vestí. Tomé un café rápido y revisé nerviosa la maleta. Había quedado con Ernesto en la cafetería de siempre. No esperaba a Marcelo esa mañana en casa. Pero llegó.

El destino es caprichoso y tus planes una ruleta que gira y no sabes dónde va a parar. Cuando sonó la puerta empecé a temblar. No podía moverme, Si busco en los recuerdos de ese día aparece mi cara pálida reflejada en el espejo del tocador de la habitación; yo parada, petrificada mirándome de una forma estúpida al espejo, paralizada. Sonó mi nombre y sus pasos acercándose a la habitación. Sólo el silencio y sus pasos y mi cara asustada en un tiempo que también quedó aletargado, lento, buscando huecos para posarse  lentamente en la memoria, para siempre, como algunas imágenes se quedan para siempre contigo, aunque en ésta eres tú la protagonista de una cortometraje de terror.

Marcelo entró y al verme con la maleta, su rostro se desencajó por completo. "¿Dónde vas Carmencita, es que no aprecias tus hermosos ojos negros?." No hablé, sólo cogí la maleta y con una valentía forzada me propuse a salir por la puerta.

El primer golpe se lo llevó mi cara, no es cierto; mi oído, recuerdo el zumbido ensordecedor que sonó en mi cerebro.  El siguiente llegó a la mandíbula, doloroso como un mazo hizo que cayese al suelo y un siguiente impacto, esta vez contra mi ceja que se abrió al golpearme contra la mesa. La sangre empezó a salir manchando todo de rojo, un rojo vivo e intenso. Tirada en el suelo, ensangrentada, recuerdo que no podía gritar, quería pero no podía, ni siquiera veía a Marcelo, notaba la sangre resbalando y llegando hasta mi boca, su sabor y otro golpe a éste a mi estómago...

Cuando desperté, estaba en la cama de un hospital y a mi lado Ernesto me cogía de la mano. Intenté hablar, pero me hizo un gesto de silencio.

Marcelo después de darme una mortal paliza, había salido como loco de casa. Sus manos ensangrentadas llevaban un cuchillo en la mano y gritaba palabras incomprensibles ante los ojos curiosos y asustados de la gente que vieron como con sus propias manos se sacaba un ojo de su órbita sin temblarle el pulso.

Tan terrible escena también quedó grabada para siempre en las memorias de Sevilla.

Cuando salí del hospital llevaba mi cuerpo magullado, mi alma vacía y mi rostro marcado. Mi apariencia era distinta al igual que yo.

Hoy, recordado en mi rancho de Santa Rosa junto a Ernesto, me cuesta creer que una vez tuve esa vida, es extraño, raro recordarme, a veces pienso en mi vida cómo en una película de cine que algún día vi.

Solamente hoy he sido capaz con una taza de café en la mano, sentada en mi porche de recordar todo lo sucedido, me he permitido, después de mucho tiempo hablar y compartirlo. Respiro tranquila este aire de la Pampa, al atardecer de una noche de verano. Escribo y libero mi alma.

jueves, 17 de junio de 2021

Para hacer cosquillas

Que quiere el niño para cenar
Rancataplan, un pan
Que quiere el niño para comer
Rancataplan, un pez
Qué quiere el niño de papá y mama
Pan, pan, besos y pan
Cosquillas, mimos
risas con dedos
Uy se escapa un pedo¡!¡¡

jueves, 13 de mayo de 2021

Jardines floridos

Por qué no plantas unas flores y te haces un jardín. 
No sabes que el contacto con la tierra cura el alma? ensúciate, tú eres barro, serás barro, tócate.  Planta hierbabuena y cuando esté crecida su ramita de sabor a menta endulzara tu boca y quitará la hiel que sale de dentro a borbotones. Un "galán de noche" te envolverá con su perfume al anochecer y al respirar sus florecillas, amansará tus ansias desbocadas por días inciertos y te llevará su olor, hasta aposentos de una reina mora que sale al anochecer a encontrase con su amor en patios de jazmines y leones. Y si quieres una rosa, mejor roja, roja de placeres al amanecer  sintiendo el olor de sus  pétalos de terciopelo impregnando los poros de tu cuerpo en una alcoba a oscuras.
Que guarde la flor de "la pasionaria" tu puerta, bella flor, flor bella, para que al pasar te contagie de belleza, siempre bella, "siempre vivas" en tu jardín florido.

jueves, 18 de marzo de 2021

ADOLESCENTES EN EL ESPACIO


 

Su incontrolable afición por los viajecitos interplanetarios nos trae de cabeza ( a su edad en la tierra sólo nos desplazábamos por la comunidad). Pero no, ahora me llama desde Marte a las cinco de la madrugada  (que vete tú a saber que hora son allí) y me dice que se va a Saturno y no sabe cuando llegará. Lo que más miedo nos da son los viajes interestelares, a esas velocidades o algún contagio con tanto viajecito que nos lleve a una pandemia tan grande como la que hubo en la tierra en el 2020. Menos mal que en el espacio no hay gravedad.

jueves, 11 de marzo de 2021

Cómo te quiero

 De sentimientos
Te quiero

Para entender a  las almas
Que lloran
Perdidas en el sufrimiento
de un futuro incierto

De amor
Te quiero

Para arropar los cuerpos fríos
Que esperan sin esperanza
el anochecer
A ser  alfombras desnudas

De fuerza
te quiero

 Que traiga esperanza
  a miradas inquietas
dominadas
por el miedo que rompe

De alegrías 
Te quiero

Que apacigüen el llanto
 del niño asustado
Que mira a la madre buscando
inseguro


Y del frío... y de la noche . .
Pobre te quiero




Noche de Samaín

El viento hoy no golpea los rostros en este alto cerro que regala vistas , hoy está calmado. La sabina cercana a un pozo que recoge la...